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La fascinación del color: rojo, amarillo y azul en clave artística

Fríos, cálidos, intensos, suaves, revolucionarios, conservadores. Los colores están todos a nuestra disposición, siempre, y elegirlos correctamente puede marcar una diferencia impensada. Tienen la capacidad de elevar algo bueno al escalón de lo extraordinario.

Una pincelada imprevista puede realzar hasta el cielo aquello que estamos viendo. Esto es común advertirlo en decoración, por supuesto: vivimos manejando la tensión que la escala cromática nos ofrece. Pero es disfrutable en toda expresión artística.

En esta nota quiero resaltar el tremendo aporte que puede brindar el color en el plano audiovisual. El cine y la TV, de manera explícita o sin que nos percatemos a primera vista, utiliza la vibración de los colores como eje de transformación, y muchas veces excede el lugar de recurso para instalarse como contribución decisiva. Me inspira ver cómo artistas de otras disciplinas se las ingenian para sacarle a cada color su fuerza intrínseca, su lugar de “acento” en la narrativa visual.

Fiel a mi costumbre, elegí de manera arbitraria tres ejemplos que llamaron mi atención por el manejo sensible del color. Uno pertenece al cine, y los otros dos al universo de las (cada vez más espectaculares) series de TV. Acá van; que los disfruten.

COLOR 1: EL ROJO DE PEDRO ALMODÓVAR

 

Sabemos que es el color de la pasión, del fuego, de la sangre en sentido amplio. En la visión de un director de cine como Almodóvar, toda la energía del rojo encuentra una vía de expresión inconfundible. Lo ha convertido en su color fetiche. Rojo es el traje de Armani que luce Marisa Paredes en “Tacones lejanos” y el vestido de lentejuelas de Miguel Bosé; rojo es el cardigan de Penélope Cruz en “Volver” con el que mata a su esposo; rojo es el abrigo de Cecilia Roth en la escena en que ve morir a su hijo en “Todo sobre mi madre”; rojo es el vestuario de Rossy de Palma y Carmen Maura en “Mujeres al borde de un ataque de nervios”, y sigue la lista, infinita.

 

“El rojo funciona muy bien tanto solo como unido a casi todos los colores. Mi combinación ideal es con el azul y el blanco: el resultado es refrescante”, dice. “Es también el color del dolor y la locura. En la cultura china, es el color de los condenados a muerte.”

 

En un artista tan personal, con films que a instantes de verlos ya advertimos claramente su sello singularísimo, el rojo se destaca con una fuerza especial. “En mis películas, los colores, ya sea en paredes o en ropa, tienen para mí un significado dramático preciso.” No hay duda. Si quieren darse una vuelta otra vez por cualquiera de sus films, verán “en acción” cómo la elección del rojo marca a fuego cada escena. Nada en él es arbitrario o azaroso. Todo tiene un porqué. Y se lo agradecemos.

COLOR 2: EL AMARILLO DE LA SERIE “VIS A VIS”

 

Hemos visto decenas de películas y series en cárceles, donde incluso se exacerba el mundo gris ya de por sí asfixiante del presidio. En esta serie española, el amarillo aparece desde los primeros instantes como elemento de comunicación distintivo. Arranca en la figura de un canario que simboliza la libertad, y se mantendrá hasta el final.

 

A lo largo de toda la serie, el amarillo será el color que rompa la monotonía, aportando luz, como si la aspiración de liberación de cada reclusa emergiera así en forma tangible. Desde lo estético, resulta un sensacional aporte, porque ofrece un sutil código que actúa aliviando lo grotesco.

Tal vez su dimensión más efectiva actúe en nuestra percepción inconsciente, aunque lo veamos nítidamente en la ropa de las reclusas, en el cabello rubio de la protagonista, en elementos varios que aparecen aquí y allá desperdigados “al azar”: cubiertos, tarjetas de llamada, libros, flores, señalización en paredes, y hasta en el camión policial que las traslada. 

Un acierto simple y muy bien usado que, con muy poco, logra un efecto estético que potencia el mensaje y lo transforma.  Disponible en Netflix.

 COLOR 3: EL AZUL DE LA DOCUSERIE “SOBREVOLANDO”

 

Esta producción reciente de National Geographic emitida por Disney + propone un viaje desde el aire, a través del vuelo de un dron, por los sitios más espectaculares de Latinoamérica. Con la guía oral de Fito Páez, se retratan paisajes únicos de México, Argentina, República Dominicana y Perú desde las alturas, con una gran ausencia que hace la diferencia en comparación con los dos ejemplos anteriores: la mano del hombre.

 

Todo lo que vemos es imagen virgen, sin ninguna técnica por medio. Sólo el buen gusto en la selección de hallazgos naturales alucinantes. Por momentos, no parece real; así de cautivante es nuestro planeta. Si bien la escala cromática es de lo más variada (rosas intensos y en degradé en lagunas y flamencos de Yucatán, verdes nuevos en nuestra Patagonia y en Baja California, blancos surrealistas en la Puna, naranjas y tonos salmón en salinas dominicanas, y mil colores más) el azul es mi preferido.

Cenotes sagrados que parecen de ficción, lagos helados imperturbables, glaciares que progresan su blancura hacia el celeste y cielos que convergen con océanos infinitos permiten descubrir versiones azuladas que ni siquiera sabía que existían. El turquesa, vibrando en la naturaleza, impresiona. El mar con su alma profunda, costas acantiladas que acrecientan contrastes y pequeños botes de pescadores tirando sus redes al atardecer hacen el resto.

 

Una maravilla para los ojos. Podría pensar que el hecho de que mi esposo haya trabajado en esta producción no me hace opinar objetivamente, pero no. Es que Dios, como “director de arte”, es inigualable.

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